Esquinas del corazón

Si pudiéramos voltear la mirada descubriríamos que dejamos huellas por todos los lugares donde caminamos. Cada esquina, cada cordón y cada semáforo donde nos paramos a esperar llevan una marca de cada uno de nosotros. Hay esquinas que guardan secretos, que si hablaran contarían un mundo e incluso podrían describir lo que es la felicidad, así como también la tristeza. Hay semáforos que fueron los mayores espectadores de momentos de amor y paradas de colectivo que presenciaron los besos más profundos. Hay autos que esperaron por irse cuando dos personas no podían dejar de despedirse. Hay camas que hoy son cenizas porque algún día fueron más que polvo de estrellas y balcones que se acuerdan cómo se jugaba allí a las escondidas en la inmensidad de noches que parecían no tener fin. Hay sillones y sillas que aún parecen tener marcas porque se amoldaron a un cuerpo que se deshizo en el tiempo y cocinas que aún extrañan llenarse de aceite tras una comida. Hay bares que tienen nombre de personas y duchas que no fueron hechas para bañarse.

Hay gente que tiene vida fuera de ella y que toma forma en incontables cosas. Y tan incontables que las vemos en cada lugar donde estemos.

 

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