Irse yendo

Sin darnos cuenta, sin pensar, o pensando demasiado. Vamos arrimando la puerta y borrando el cartel de salida con los codos. Nos vamos sin dejar migas que muestren el camino, ni cintas en cada árbol que dejamos atrás. Lo hacemos en silencio y, sobre todo, en cámara lenta. Volteamos a mirar.. porque es mentira que las decisiones una vez que se toman se sostienen. Buscamos un grito de ayuda, una mirada o una mano que empiece a salir del agua en la que chapoteamos mientras nos vamos caminando bajo la lluvia.

Lo hacemos queriendo hacer mucho ruido porque nadie se va con la cabeza a gachas cuando no hizo nada. Ruido silencioso que solo escucha quien sigue caminando con nosotros porque es aquel sonido que te empapa el alma y te traspasa la piel.

Y van pasando los días y nosotros no pudimos pasar ni una carilla; así de lento pasamos lo que alguna vez nos empapó la vida. Sin embargo acá nos estamos yendo, o quizás huyendo, sin dejar rastros. Paso a paso. Con la esperanza de algún día voltear y que esté demasiado lejos para poder recordar.

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