Curándome

Siento tu piel sobre la mía. O la mía sobre la tuya. Todavía no se distinguir si somos dos personas diferentes o si juntos hacemos una. Abrazas mí mundo, como si no existiera nada más que vos y yo. Llenas mí espalda de mimos y acaricias mí alma con tan solo deslizar tu dedo de este a oeste. De norte a sur. De arriba a abajo. De costado a costado. No hay nada más que dos cuerpos, que dos almas que se esconden detrás de pieles que solo quieren sentir. Que el calor que irradian los humanos cuando se están conectando más allá de los sentidos.

Encendes y sin necesidad de tener ningún fósforo. Sos fuego cuando solo quiero calma. Fuego que se transforma en agua. Agua que alivia cada espacio de nuestro ser. Agua que sana.

Tu sonrisa dibuja mi mundo; reís y logras que todo lo malo desaparezca. Se esfumara, en un solo abrir y cerrar de ojos. Tus ojos se achinan y tus pupilas iluminan las mías.

A veces hay vidas que están destinadas a arreglarse. A quererse. A ayudarse. Hay momentos en los que dos personas se encuentran tan solo para curarse.

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Acompáñame

Que te quedes,

Agarrando mí mano y alegrando todo a tu paso.

Que me mires

Y me transmitas paz en cada mirada y a cada instante.

Que me abraces,

Curando todos mis miedos

Y cerrando heridas viejas.

Que me acaricies,

Mostrándome una vez más la suavidad de una piel que te quiere curar.

Que te quedes,

Como si fuera un lugar

Como si no hubiera algo por lo que escapar.

Que me enseñes

Que hay personas que son calma y que sus besos te pueden pausar.

Que todo se puede reiniciar

Y volver a empezar.

Que te quedes,

Conmigo. Al menos un rato más.

Vagones

Nunca son demasiado chicos

Pero tampoco grandes.

Están en el limbo:

Se encuentran entre la necesidad

Y la supervivencia.

Lleva una caja entre sus brazos

Mientras grita lo que vende llevándose todas las miradas a su paso.

No debe pasar los 10

Pero, sin embargo,

Vivió más que todos nosotros.

Nació en las calles

En la miseria

Y en la injusticia.

Nació llevando su propia vida a cuestas

Con el futuro marcado

Hasta crecer y poder ser.

Nació no pudiendo jugar

Siendo grande

Y responsable.

Que tristeza

es ver cómo la niñez se puede perder

Como algunos llegan ya siendo víctimas

Y cómo a veces parece un juego

Pero no es más que crueldad.

8M

Por todas

Y sobre todo,

por aquellas que ya no tienen voz.

Porque ya no están

Porque el sistema se las llevó.

Que violento es mirar atrás. Duele retroceder y detener la mirada en aquello que naturalizamos tantos años. Hay días en que ser mujer duele, solo por el simple hecho de serlo. Duele cuando camino, cuando me persiguen con la mirada. Duele cada grito que prefiero no escuchar y cada roce que parece que tengo que aguantar. Duele tener cuidado, siempre y en todo; fijarme que mí pollera no esté demasiado alta o que mí escote no esté muy bajo. Duele cuando sólo parece que somos una cosa, carente de sentimientos, a la que se le puede hacer y decir cualquier cosa. Duele, porque uno termina viviendo con miedo. Miedo a no volver. A lo que pueda llegar a ser.

Duele el alma porque la violencia -simbólica, física y/o verbal- hacia las mujeres siempre estuvo. Porque no sabe de edad. No le importa. Nos cosifican y se adueñan. Duele, porque la mayoría de las veces no nos damos cuenta, lo ignoramos y seguimos, como si todo estaría bien. Como si fuera normal. Como si lo tenemos que aguantar. Y lo peor, como si tuviéramos la culpa de verdad.

El 8 de marzo es conmemoración. Es lucha. Toma de conciencia. Es aportar un granito de arena para que el mundo deje de ser tan injusto: para que dejen de matarnos, de violentarnos. Para que algún día me levante sin la noticia de otra víctima más de este sistema patriarcal. Para que el mundo sepa que no somos de nadie más que de nosotras mismas, que nuestro género no define nuestras capacidades, que no necesariamente somos más débiles, que podemos tomar decisiones que merecen respeto y que cuando decimos que no es porque no queremos. Que no nacimos pura y exclusivamente para ser madres y criar hijos, que podemos ser independientes y vivir sin un hombre al lado. Que la casa no es nuestra jaula, que tenemos alas y que podemos volar a donde sea que quisiéramos, que podemos ser, y que tenemos el derecho tan básico -que parece olvidado- de vivir.

Porque nos cansamos de callar

Y hoy solo queremos gritar:

La revolución será feminista o no será.

Sin igualdad no hay avance social

Nos encontramos en aquello que nos hace feliz, en lo que nos da paz y, sobre todo, en lo que nos saca -al menos un rato- de la realidad.

Nos abrazamos a los momentos que nos hacen abrir las alas porque pocas cosas son las que nos abren la jaula para que podamos volar. La libertad es algo que parece casi imposible de alcanzar, pero de dónde nunca vamos a querer regresar.

Gritar para amar

Hay silencios que duran tanto

que terminan convirtiéndose en finales.

Versos pronunciados

que a veces no llegan a ningún lugar

Y cartas con destinatario

que regresan sin abrir

porque pocos saben amar.

Hay palabras que se guardan

para que nadie las pueda tocar

para que se queden

y bailen con nuestro mar.

Hay vida en cada silencio

porque ahi

se esconde todo lo que tenemos dentro.

Somos fuerzas,

Somos gritos,

Somos silencios que se pelean por hacer ruido.

No dejes

otro final.

Soltá,

Gritá,

Y,

sobre todo,

Amá.

• fuerte

● y con todo el corazón.

Tardes de verano

Me gusta el contraste que se forma

entre el árbol y el cielo

lo verde

y lo anaranjado.

Me gusta como se mueve cada hoja con el viento

mientras los pájaros se preparan

para levantar vuelo.

Los miro con mi espalda pegada al suelo

Mis piernas levantadas

Y mi sangre moviéndose por todo mi cuerpo.

Qué lindo es el placer de observar

Como todo se mueve

Y el mundo sigue su camino

Sin detenerse

Esperar

Ni volver para atrás.